Revolución fraternal el primer día de Universidad

Como introducción y para que os vayáis poniendo en antecedentes, os diré que Rocío y yo somos hermanas. Ambas nacimos el mismo año, con una diferencia de once meses, con lo que en la práctica, y en términos educativos, tenemos la misma edad. Y así ha sido en realidad siempre, porque yo, que soy la pequeña, siempre fui muy despabilada, y llegó un momento en que la alcancé en muchos ámbitos, y entonces ya fue una forma de crecer en pareja que a mis padres, y en especial a mi madre, les trajo muchos dolores de cabeza (con razón no tuvieron más hijos, jeje).

La verdad es que siempre fuimos un poco trastos, dos traviesas que nunca estaban quietas, y lo que no se le ocurría a una se le ocurría a la otra, y ninguna de esas ideas era buena. Por supuesto, entramos en el mismo curso, y al poco nos cambiaron de clase para separarnos y que no estuviéramos juntas, porque lo revolucionábamos todo; luego nos tranquilizamos un poco, dejamos la primaria y entramos en la secundaria, y entonces dar la lata durante las clases es lo que menos nos importó.

Claro está, descubrimos a los chicos, y cómo no, ambas a la vez. Para colmo, hasta tuvimos nuestros rifirrafes porque hasta nos gustó el mismo a la vez, y montábamos unos espectáculos increíbles por él; por suerte, el chaval debió de hartarse de ser el motivo de pelea de dos locas, y acabó dejándonos a las dos con un palmo de narices, cosa que hasta hay que agradecerle, porque vimos lo inútil que nos había resultado todo y ya no volvimos a repetir la jugada. A partir de entonces nos dedicamos más a compartir y disfrutar experiencias intentando no meternos en el terreno de la otra, y entre unas cosas y otras llegó el momento de entrar en la Universidad.

Eso ocurrió el año pasado, y no pudo haber sido más maravilloso. Aunque elegimos carreras distintas, nos veíamos a diario en el campus, y lo seguiremos haciendo durante unos años más, así que a cada momento nos contábamos lo bien que lo estábamos pasado, y cuánto se habían abierto nuestros horizontes con respecto a los hombres. Pero lo que nunca nos habíamos imaginado era lo que se iban a abrir también con respecto a las mujeres, y también entre nosotras, viviendo una experiencia tan extraordinaria de índole sexual que aún no sabemos muy bien cómo describir ni cómo llegamos a ella.

Desde el año pasado compartimos universidad, pero también empezamos a compartir hombres, mujeres… y un pequeño secreto entre nosotras, que pronto sabréis si seguís leyendo mi blog.