El mejor comienzo: un vistazo en general

Chicas universitarias de la nueva era, permitid un consejo de un par de experimentadas, que ya han pasado por el trance por el que próximamente vais a pasar vosotras, y saben lo que es llegar el primer día a la facultad y ver una cantidad ingente de tíos cachas, y volverse un poco locas por eso. Si estuviéramos en una historia porno, ya se sabe que elegiríamos al que más nos gustara, o para el caso el que estuviera más a mano, y nos lo tiraríamos al segundo, pero esto es la vida real; y nuestro consejo es: otear el horizonte.

Con este dicho de cazadores, lo que venimos a deciros es que no os volváis locas el primer día: paraos, respirad hondo, y disponeros a hacer un reconocimiento visual relajado y sin prisas. Porque, creedlo, los mejores universitarios (machos, se entienden), no siempre suelen estar en las puertas de la facultad, ni esperando en la primera clase en la que entreis. Poco a poco os daréis dando cuenta de las costumbres de cada lugar, y cuando aprendais las reglas no escritas de vuestra facultad, sabréis si estos buenos ejemplares se reúnen en algún lugar, o van por libre cada uno con su legión de admiradoras detrás, o se presentan como lindos corderitos más que dispuestos a ser llevados al matadero… en sentido figurado, claro está.

Así que chicas, el primer día de universidad, sobre todo, tranquilidad. Está bien hacerse una primera impresión, pero que no sea muy profunda, porque pensad que quedan muchos días por delante, y una no puede andar teniendo un objetivo y cambiándolo cada 24 horas. Mejor ir con precaución, analizando cada ejemplar, y desechado a muchos que al primer vistazo quizá merezcan la pena, pero que en unos días se descubre que son un poco imbéciles, un poco mujeriegos, o incluso un poco parados, y oye, tampoco está una para perder el tiempo, porque seguro que hay muchos más que sí merecen la pena. Y recordad, aún quedan por delante muchos años de clases…

Todo esto va para las estudiantes de primer curso; pero lo mismo podría aplicarse para las de cursos superiores. Recordad que cada año entra una remesa nueva, y si ya es un desafío el lograr seducir a los mejores ejemplares, imaginaos lo que es andar buscando joyas entre los nuevos novatos; eso hace que el curriculo de cualquier chica suba hasta las nubes, y la buena fama que una arrastra en los primeros días del curso, suele mantenerse hasta el final. Así que ya sabéis, tranquilidad, y que dios reparta suerte.

Revolución fraternal el primer día de Universidad

Como introducción y para que os vayáis poniendo en antecedentes, os diré que Rocío y yo somos hermanas. Ambas nacimos el mismo año, con una diferencia de once meses, con lo que en la práctica, y en términos educativos, tenemos la misma edad. Y así ha sido en realidad siempre, porque yo, que soy la pequeña, siempre fui muy despabilada, y llegó un momento en que la alcancé en muchos ámbitos, y entonces ya fue una forma de crecer en pareja que a mis padres, y en especial a mi madre, les trajo muchos dolores de cabeza (con razón no tuvieron más hijos, jeje).

La verdad es que siempre fuimos un poco trastos, dos traviesas que nunca estaban quietas, y lo que no se le ocurría a una se le ocurría a la otra, y ninguna de esas ideas era buena. Por supuesto, entramos en el mismo curso, y al poco nos cambiaron de clase para separarnos y que no estuviéramos juntas, porque lo revolucionábamos todo; luego nos tranquilizamos un poco, dejamos la primaria y entramos en la secundaria, y entonces dar la lata durante las clases es lo que menos nos importó.

Claro está, descubrimos a los chicos, y cómo no, ambas a la vez. Para colmo, hasta tuvimos nuestros rifirrafes porque hasta nos gustó el mismo a la vez, y montábamos unos espectáculos increíbles por él; por suerte, el chaval debió de hartarse de ser el motivo de pelea de dos locas, y acabó dejándonos a las dos con un palmo de narices, cosa que hasta hay que agradecerle, porque vimos lo inútil que nos había resultado todo y ya no volvimos a repetir la jugada. A partir de entonces nos dedicamos más a compartir y disfrutar experiencias intentando no meternos en el terreno de la otra, y entre unas cosas y otras llegó el momento de entrar en la Universidad.

Eso ocurrió el año pasado, y no pudo haber sido más maravilloso. Aunque elegimos carreras distintas, nos veíamos a diario en el campus, y lo seguiremos haciendo durante unos años más, así que a cada momento nos contábamos lo bien que lo estábamos pasado, y cuánto se habían abierto nuestros horizontes con respecto a los hombres. Pero lo que nunca nos habíamos imaginado era lo que se iban a abrir también con respecto a las mujeres, y también entre nosotras, viviendo una experiencia tan extraordinaria de índole sexual que aún no sabemos muy bien cómo describir ni cómo llegamos a ella.

Desde el año pasado compartimos universidad, pero también empezamos a compartir hombres, mujeres… y un pequeño secreto entre nosotras, que pronto sabréis si seguís leyendo mi blog.